lunes, 21 de mayo de 2018

Ganador o perdedor

El mundo fue construido por ganadores, a sangre y fuego fueron edificados los caminos que hoy andamos, los techos que nos cobijan y las ropas que nos abrigan.
Y de quien es esa sangre? Pues de la manada que, docilmente, caminó al matadero y de todos los perdedores, grupo muy superior en número y volumen al de los vencedores, los triunfadores, los exitosos, la élite que se posiciona en la cúspide de la pirámide, desde donde con soberbia observa todas las cabezas y lomos de aquellos que, doblegados, los sostienen en servicial silencio.
Pero también los ganadores sangran, también mueren y dejan su espacio en la cúspide que solamente puede ser ocupado por uno del mismo grupo de ellos, o un suertudo elegido entre la manada por uno u otro motivo.
Los ganadores no necesitan trofeos, ni monumentos recordarorios; eso está hecho para entretener a los perdedores y para "glorificar" a aquellos que osaron levantarse contra el orden impuesto.
El lugar de la memoria de los ganadores son los mausoleos. Sueñan con seguir siendo ganadores después de muertos. Sueñan con seguir siendo parte de la cima de la pirámide a donde sea que vayamos después de esta vida. O por lo menos, sus despojos nunca serán tratados como los de la vil y miserable manada. Por eso son vencedores, por eso son los que llevan los hilos y el timón de esta cosa que llaman sociedad pero que en realidad es solamente un juguete mas para ellos.
Nací dentro de la manada. Naci para ser un buen perdedor y escalar unos cuantos peldaños en la gran pirámide de la sociedad. Ya lo hicieron así mis padres y abuelos. Y como todo buen perdedor espero que, cuando hayan cortado mi cabeza por osar levantarme e ir contra el orden impuesto, cuando haya muerto en algún lado pongan en mi nombre un monumento.
Y en mi epitafio deseo que diga: "Nació perdedor, pero se negó a serlo. Necio!"
Me niego a ser uno más de la manada. Me niego a seguir inclinando mi cabeza y soportando sobre mis lomos todo el peso de los "ganadores por derecho"
No quiero. No quiero heredar a mis hijos mi puesto. No quiero seguir luchando para pisar cabezas y soportar el peso de los de arriba.
Me niego a todo eso.
Iré a por más. Ni siquiera quiero esta pirámide. Quiero un mundo totalmente nuevo!
Loco soñador? Claro que sí! Pero, por lo menos yo tengo un sueño!
Y tú?

jueves, 17 de mayo de 2018

Legado

Estaba parado en la puerta del dormitorio, y el celular sonaba con una balada romántica del recuerdo inmediato (no más de diez años de antigüedad). Y se me vino a la memoria esa pregunta: ¿Cuál es la música que te identifica? -Me preguntaste. "La voz del alma!"- Muy orgulloso respondí. Y claro, me dijiste que adorabas esa interpretación mía, dedicada especialmente a ti, y ambientada con música de fondo, y poniendo a mi voz todo el sentimiento que jamás hubiese puesto en algo. Y me sentí orgulloso de mi mismo en aquel momento.

Pero...
Al estar escuchando la música que sonaba en el celular, recordé un pequeño detalle: Jamás había escuchado mis grabaciones en otro lugar que no sea cuando yo mismo los pongo en la computadora o en mi celular. Jamás.

Pensé: Mis nietos me escucharán! Para ellos es que escribo! Y por mi mente volaron sueños e ilusiones, viendo a mis nietos orgullosos repetir mis historias, y mis "poemas" y todo aquello que escribo, dejando un pedazo de mi vida en ello. Y sonreí de nuevo.

Pero...
No sé por qué, pero recordé a mi abuelo, el papá de mi madre, mi Papashatu. Él grabó un disco con su grupo musical, la Lira Andina de Huaraz. Y todos tuvimos un disco en casa. Y por algún tiempo lo escuchamos. Pero hoy, ya nadie se acuerda de ese disco. Incluso yo, que tanto me lleno la boca diciendo que extraño a mi abuelo, casi nunca escucho esas melodías, donde él, dejó parte de su vida. Estoy seguro que al estar tocando para la grabación de ese disco también soñaba y se ilusionaba que su "obra" iba a quedar inmortalizada, por lo menos en la memoria de sus nietos, o de los hijos de ellos.

Lamentablemente no es así. Hoy en mi familia casi nadie lo oye. Solamente en las reuniones familiares suena una que otra melodía. Y nadie, absolutamente nadie, dice a viva voz y con el orgullo al tope: "El que toca esa melodía es mi abuelo!".

Que bueno que esté muerto, y que no tuvo que presenciar como aquello que alguna vez produjo con tanto amor y cariño, era olvidado por los integrantes de su propia familia.

A veces, oigo comentarios que me dicen que esas melodias del conjunto Lira Andina de Huaraz son tocadas en algunos locales de "culto" en mi ciudad natal.

Bajo esa perspectiva, ya no me importa quien me lea. Escribiré sin hacerme ilusiones de que mis letras las recuerden aquellos a quienes se los dedico. Solamente espero que aquella persona que por alguna razón me lea, sepa que siempre puse todo mi amor y empeño al hacer esto.

Vano oficio. Que bueno que no tenga que alimentarme con lo que escribo, ya que de ser así, hace mucho tiempo atrás hubiese muerto de hambre, y nadie se hubiese dado cuenta de esto.

Seguiré escribiendo, aunque sea solamente yo mismo el que lea y relea todo lo que escribo.