viernes, 5 de junio de 2015

La vida cotidiana.

Suena el despertador. Un minuto más, es todo lo que pides. Lo apagas automáticamente, sin siquiera abrir los ojos. Y es que lo conoces a la perfección, como todo lo que hay en tu pequeña casa.
Suena otra vez, y aunque parece que pasó apenas un minuto, realmente pasaron quince y ahora si no hay posibilidad de seguir dormido.

Te has sentado al borde de la cama. Con los pies desnudos y algo adormecidos, buscas las pantuflas a tientas en la oscuridad. Aun con los ojos cerrados te diriges al baño, tratando de no hacer sonido, para no despertar a nadie. Automáticamente usas el inodoro, te lavas, te cepillas. No sabes cómo, pero ya llevas puesta la ropa de deporte.

Un beso suave: "ya regreso". Una respuesta: "ten cuidado". Te colocas los audífonos, la misma música de siempre, empiezas a trotar. El frío de la mañana te despierta de sopapo. Pero ya no hay vuelta atrás. Tratas de mantener el ritmo mientras vas tarareando esa canción por ti archiconocida.

Un poco más. Sientes el dolor de los músculos, el sudor en la frente, la camiseta está totalmente empapada, las rodillas y los tobillos se quejan. Te recuerdas que debes empezar esa dieta, siempre postergada, que debes tomas más agua y menos gaseosas, debes comer menos harinas y mas verduras. Y tantas cosas que sigues postergando.

Ah, la brisa marina, el olor a sal y pescado. Es algo realmente reconfortante, el sonido de las olas rompiéndose en la playa, allá en el fondo del acantilado. El inmenso y vasto océano, que tiene un nombre que no va nada con su esencia. De Pacífico, este océano no tiene nada. A quién rayos se le ocurrió este nombre? No lo recuerdas, y quizá ya no importe, pues es TU océano, el más grande del mundo, ni más ni menos, y en el cuál quieres algún día navegar sin destino cierto.

Buen día! Alguien te saluda, devuelves el saludo al desconocido, pura cortesía. Qué puede tener de bueno un día que apenas está comenzando? Apuras el paso, ya casi es hora, y te estás demorando. Apagas el celular, sin mucha ceremonia entras en la casa y te diriges a la ducha, para tomar una ducha fría, y completar la rutina. Te afeitas, sin mucha ceremonia. Te vistes, el uniforme de trabajo está listo. Tomas tu café, un desayuno ligero. Nuevamente un beso casi al vuelo, y sales corriendo, pues para variar ya te hiciste tarde.

Tomas el bus, el auto, el metro o lo que tengas que tomar, pero siempre con prisa. Parece mentira, pero en estos momentos el tiempo vuela, y los autos que congestionan las calles y avenidas se dirigen cada vez mas despacio. Alguien empieza a gritar, y el efecto es tremendo. Todos de mal humor, todos apurados, todos contra el tiempo. Te pones los audífonos, tratas de olvidar y escuchar, noticias, música. Te llega el mensaje: olvidaste eso, que era muy importante. Y eso es todo. El día se ha complicado apenas ha empezado. Cierras los ojos, recuerdas el mar, la música, y ese rostro angelical que tanto adoras, y ese beso tierno, y sonríes. No, no está perdido, el día será bueno. Como por arte de magia tu entorno cambia. Ya no notas a las personas furiosas, sino a las amables y a las sonrientes, que como tú son conscientes que el tener un día mas es un regalo divino. Sonríes, devuelves el saludo con amabilidad y alegría. Buenos días! Deseas a ese desconocido, le deseas un mejor día, y te responde lo mismo.

Todo a cambiado. El trabajo se hace sencillo, logras todo lo planeado, y más. El tiempo vuela, sin que te des cuenta, almuerzas con los amigos, compañeros de trabajo, charlas un poco, sobre todo y sobre nada. En tu cabeza una sola idea: quiero ir a casa. Ya sabes que ahí te esperan, dos brazos abiertos y un sentimiento incondicional de amor y lealtad a toda prueba. El calor del hogar que siempre te hace sentir protegido y aliviado.

Pero a veces las cosas se complican. Algún error, alguna cosa mal hecha o la falta tuya o de alguno de tus compañeros de trabajo hace que todo se venga abajo. Como si se tratara de un castillo de naipes, ves que todo lo que con tanto esmero has creado, se ha venido abajo, sin pena ni gloria, y lo que es peor, ha sido notado. Tus jefes te lo hacen saber, y no tienes mas remedio que tratar de repararlo. Y no siempre te sale como quisieras, tienes que intentarlo, pero hay casos que son perdidos, como si con ellos, quisiera jugar contigo el destino.

A veces sales del trabajo cargando en una pequeña caja todas tus pertenencias, con todas tus cosas metidas en ella, y una carta de despido. Apenas te puedes percatar que las cosas han sucedido, y aún así ni siquiera lo has notado, ni siquiera entiendes a ciencia cierta lo que te está pasando. Caminas sin rumbo, tomas un auto, un ómnibus, el metro o lo que sea, pero no con dirección a tu casa, sino con rumbo desconocido. Vas tirando todas tus cosas a la basura. Si, notas que era basura lo que guardabas, lo que únicamente importan son las fotos de tus seres queridos. El resto va sin pena ni gloria a la basura. Aún no entiendes para qué demonios guardabas esas cosas en tus gavetas, en tus cajones.

Caminas lentamente a casa, no sabes lo que harás o lo que dirás. Compras algún regalo, para celebrar. Si, eres libre, hace buen tiempo que necesitabas tu libertad. Llegas a un bar. Una copa, nada más. Te das cuenta cuando ya no ves doble, ni triple, sino simplemente ya no ves mas. Estás ebrio, eufórico, no sabes que hacer más. Y el camino es a casa, y para allá vas. Soy libre! Gritas al entrar. Al diablo con todos, a partir de ahora solo yo soy mi jefe, y no tendré que depender de nadie mas! Trastabillas, caes, y por inercia te diriges hacia el baño, donde el exceso de alcohol hace el efecto final, y vomitas hasta el alma y quedas en paz.

Pesadillas, sueños extraños. Monstruos, viajes, personajes. De todo en tu sueño has tenido. Crees estar en un lago, luego en un desierto inhabitado, con un sol ardiente y mucha arena que lastima tu frente. Despiertas delirando. Necesitas tomar otro trago, pero solo de agua, y si está helada mejor. Vas por un vaso, la refrigeradora está cerca. Tomas un largo trago. Qué dolor de cabeza, nunca más vuelvo a tomar una copa en mi vida. Buscas algo que pueda calmarte. Encuentras dos sobres de sales aromáticas que ahí por casualidad alguien ha dejado. Ya estás un poco más aliviado. Nuevamente vas a la cama, semi desnudo, sudoroso. Te entregas a un sueño pesado, hasta que nuevamente el sonido del despertador ha sonado.

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