Ya nada será igual. La vida me ha puesto un cronómetro en marcha atrás para el desenlace. Y mi mente lo acepta con la frialdad de un pensador matemático y realista. Pero mi alma de niño y mi corazón de soñador se niegan a aceptarlo.
Adiós duchas de agua fria. Adiós mis jaranas con los amigos. Adiós a las armas del día a día.
Es tiempo de cuidar las arrugas y las canas. Tendré que acostumbrarme al dolor que siento, y que se irá en aumento, haga lo que haga.
Veré como voy decayendo, en forma exponencial. Primero serán fatigas leves, que me arrancarán una sonrisa burlona sobre las capacidades de mi cuerpo, para luego aceptar mis limitaciones y llegar al punto donde tendré que pelear por cada bocanada de aire... De nuevo.
Mi Dios, tengo tanto miedo.
El solo hecho de recordar esos aciagos momentos, sentado en la cama, respirando con dolor y con supremo esfuerzo, peleando cada segundo por una vida que se me quería ir de las manos... Dios, que duro es pensar en esos momentos, mas duro aun el saber que los viviré de nuevo. Y que, en esta nueva ocasión, no saldré victorioso, pues el destino final es conocido por completo.
El cronómetro está puesto. Toca caminar y disfrutar cada segundo valioso que la vida me está regalando.
No los desperdiciare en banalidades. No soy un mártir ni un héroe para entregar mi vida al sufrimiento. Haré mi mejor esfuerzo para vivir a plenitud mi corto momento en el universo. Haré de mi vida un singular concierto donde pueda decir al final del camino que valió la pena el haberla vivido por completo.
Cada segundo de aire puro es una bendición para mi cuerpo. Hagamos que no sea en vano. Respiremos a fondo disfrutando de singular regalo.
Gracias mi Dios por haberme regalado la oportunidad de vivir nuevamente y de ser consciente de lo dichoso que soy al tener todo esto.